Leopoldo Marechal: “Megafón o la Guerra”:

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“Conozco las gracias y desgracias de estas latitudes”. (III). (Ibd. Marechal, Leopoldo. “Megafón o la Guerra”).-
“El Desierto ya estaba derrotado. Lo que seguía firme aquí era una potencialidad vacante… Un escenario vacío es una petición de Historia”… (IV). (Ibd. Marechal, Leopoldo. “Megafón o la Guerra”).-
“Todo está en movimiento continuo, en lo macroscósmico y en lo microscósmico, desde un átomo a una galaxia. ¡El Problema del Hombre no está en el movimiento sino en la Inmovilidad!. Lo que se mueve no es perfecto: sólo es perfecto el Gran Inmóvil”. (X). (Ibd. Marechal, Leopoldo. “Megafón o la Guerra”).-
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Reseña:

Leopoldo Marechal (1900/1970).-
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Para Leopoldo Marechal la novela es el «sucedáneo de la epopeya» que recoge, como lo sugiriera Macedonio Fernández, las historias de los posibles y distintos destinos, entendidos éstos como las experiencias espirituales de sus héroes. Esta actualización de la epopeya se realiza en la traducción de la razón profunda y de las líneas internas de los simbolismos épicos. La última novela de Marechal, Megafón o la guerra, publicada póstumamente en 1970, se inscribe en esta concepción «clásica» de la literatura, ya que en su escritura se transpone la estructura semántica de la epopeya, en el simbolismo de la guerra, travestida con el humorismo y en diálogo con el concreto horizonte histórico. Si Adán Buenosayres (1948) se concentra en la historia individual del alma en penitencia, y la segunda novela, El Banquete de Severo Arcángelo (1965), se extiende al itinerario iniciático de un grupo de elegidos, Megafón o la guerra propone la historia del destino terrestre y celeste de la Argentina a partir de las batallas y los asedios organizados por Megafón, héroe anónimo del cual sólo se conoce su sobrenombre, que «había sintetizado en sí mismo una conciencia viva del país y sus hombres”. Megafón o la guerra puede ser interpretada, además, como una «continuación» de Adán Buenosayres, en tanto se retoman no sólo algunos «héroes» de la primera gesta marechaliana, como Samuel, Schultze y el narrador que se identifica con el autor, sino también algunos nudos narrativos de realización espiritual, como el recorrido por espacios Fleurs. La intencional filiación épica se explicita metatextualmente en su estructuración formal en diez «Rapsodias», introducidas por un «Introito» en donde el narrador −testigo y protagonista− presenta las claves de esta «epopeya», que no pertenece a la mitología nostálgica de Buenos Aires, y expone el «método lineal y rapsódico» de la narración de la «gesta megafoniana» en sus «vicisitudes exteriores». La escritura de la novela Megafón o la guerra, en tanto proceso histórico de producción y circulación textual, asume, además, un carácter épico extratextual y una función social bélico-combativa, comprometida con la realidad política inmediata de la Argentina del período 1955-1970. Esta conciencia política de la propia escritura a través de la gesta de Megafón y de sus Dos Batallas es expuesta por el narrador-autor en el «Introito», esfumando las distancias entre ficción y realidad, entre poesía e historia. La publicación de esta novela no se presenta como un hecho literario ajeno a la historia política, sino como la voz del “Poeta depuesto”, sometido a un espacio/ y a sus ineludibles condiciones –la Argentina de la Contrarrevolución antiperonista de 1955–. En Megafón o la guerra, la lectura histórico-social de la realidad argentina revela la posición política del autor, comprometida con el Partido Justicialista. Desde este horizonte ideológico, la novela se estructura como la crónica de una sucesión de batallas «revisionistas» y analíticas de la historia argentina, en sus manifestaciones exteriores, guiadas por Megafón y recogidas por el narrador-personaje, cronista, testigo y protagonista – «memoria inexorable» de la Historia «en la ciudad alegre de los olvidadizos»–, que encarna, a su vez, al narrador-autor empírico. La crónica de la gesta megafoniana, en su exterioridad, se identifica con la resistencia peronista; por ello el encuentro decisivo entre el cronista y el guerrero –ambos voceros populares– se ubica ficcionalmente en julio de 1956, un mes después de la fracasada Revolución Popular Peronista, reprimida con el fusilamiento de los organizadores, como recuerda el introito. La referencia inmediata y cercana a la historia contemporánea argentina, en un período en el cual la Revolución Libertadora antiperonista tenía el poder político-institucional, explica la «peligrosidad» de la novela, concebida no como «un trabajo de fantasía en prosa»,10 sino de resistencia combativa y comprometida. La estructuración ideológica marechaliana propone la unidad del orden terrestre con el celeste, de tal modo que el arte y la política se subsumen en la concepción religiosa-metafísica, eje y soporte del mundo, lo «histórico» en lo «trascendente», el «hombre» en la «divinidad», lo «material» en lo «espiritual», lo «relativo-dinámico» en lo «absoluto- . Esta geometría bélicolitúrgica se construye como un teorema poético. La saga final de las Dos Batallas de Megafón –que concluyen con la muerte sacrifical del héroe– es el «Operativo Caracol», es decir, el abordaje al Château des Fleurs, edificio construido como una espiral centrípeta o un serpentín de destilación entre el río Sarmiento y Luján, que imitaba paródicamente las moradas de Santa Teresa de Jesús, las «tranqueras de la vía iniciática», camufladas en un lenocinio «frecuentado por ‘exquisitos’ nacionales e internacionales»En la «Estancia Central» del Caracol de Venus está encadenada Lucía Febrero, imagen-símbolo de la Madonna Intelligenza según la doctrina de los Fedeli d’amore, y personificación de la Patria sometida, que continúa el símbolo de la mujer cautiva del Martín Fierro de Hernández, encarnación del «ser nacional, enajenado y cautivo como ella».De esta forma, las Dos Batallas de Megafón –construidas en un plano concreto, histórico y simbólico– discursivizan –con estilizaciones paródicas– procesos históricos concretos, conflictos sociales e interpelaciones ideológicas opuestas, y configuran la imagen de la Patria, esa «Novia del Suceder», en sus «conos de luz y de sombra», en sus «esencias físicas y metafísicas», proponiendo una «Didáctica de la Patria», fundada en la virtud individual y colectiva que permita la realización de su destino como provincia del cielo y de la tierra.
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> “Megafón o la Guerra”: “Lamentaciones de Samuel Tesler, Filósofo Villacrespense”:
Aleph: Desde que me sentía actor de un mundo, adiviné la trama del libreto y siempre tuve delante la cara del Autor. Y no me fue dado entrar con soltura en la graciosa fantasmagoría de la comedia, porque me faltaba naturalidad en el arte dramático.
Beth: Y tuve un sueño: Soñaba yo que recorría una gran mansión donde se realizaban a la vez un nacimiento, una boda y una muerte. Y el personaje de los tres eventos era el mismo, y yo era ese personaje solitario que nacía, se casaba y moría en terrible simultaneidad.
Ghimel: Entonces me dije: ¡Rompamos los esquemas y entremos en la Gran Ilusión!.
Daleth: “No es bueno que un Hombre (o el Hombre) viva solo, recordé prudentemente. Quiero entrar en la Danza de Los Ilusionados y hacer que los Ilusionados entren en la mía…
He: Y en mi torno de alfarero me puse a redondear un mundo que detruyese los olvidos del Hombre y mojara otra vez las raíces de su alegría: fue como hacer una nueva tinaja para las lluvias o un jarro flamante para los nuevos moscateles.
Vau: Rechazaron mi mundo y lo rompieron como una tinaja llena de frescura: escupieron su tierra y emporcaron su cielo. Intenté las vías de la Razón, ¡e hice mal!…
Zain: Afilaron contra mí sus chuzas; pusieron hiel en la lengua de sus críticos y ácido sulfúrico en la tinta de sus editoriales. Entonces quise alzar una bandera blanca y me azuzaron sus perros de policía…
Heth: Señor, en la Ciudad del Hombre roí con inquietud mi pan y dormí en alarma todo mi sueño. Intenté cantar y me apretaron la garganta; quise trazar una figura de baile, y me agarrotaron los pies.
Teth: Entonces aborrecí los rostros ajenos que me hostilizaron, no por ajenos, ¡ay!, sino porque los entendí como caras posibles de mi propia esencia. Y al aborrecerlos, me aborrecí, por lo cual abandoné la Ciudad del Hombre y busqué un asilo en las cuevas donde se refugian los animales de cuero rayado.
Jod: Hasta las cuevas me persiguieron como a un tigre feroz.
Calph: Y retrocedieron ante mi furia y mi sarna; me cazaron con su red y me encerarron en sus perreras.
Lamed: “Mi nombre verdadero es Adán: me diste un Paraíso como habitáculo, y lo convertí en un Infierno; me diste a beber el mejor vino de tus parras, y lo convertí en vinagre.
Mem: “Señor, me ofreciste una delicia inmóvil junto al Árbol; y salté más allá del Jardín, volé a las planicies de la inquietud y sufrí con tiranos de crestas erizadas y malevos que se nutren de bandoneón y llanto”.
Nun: “Y fui mejor cuando pintaba un reno en mi caverna que cuando aventuré mis dos primeros pasos en la Luna”.
Samech: Así le hablé a mi Creador, y no tuve respuesta. Visto lo cual hice un resumen de mi vida con el fin de autocompadecerme y llorar un poco. Y no lo conseguí, porque mis lagrimales estaban obstruidos por una sal dura como el basalto.
Ain: Entonces, y sólo por diversión, me ordené a mí mismo escribir el Epitafio de la Libertad, Mi rabí ha dicho: La Verdad os hará libres. Luego- pensé-: A mayor Verdad, mayor Libertad, y en la oscura pared de mi calabozo escribí lo siguiente: Aquí yace la Libertad: murió asesinada por cien hijos de puta o literales o filosóficos. Y me dormí tranquilo.
Phe: Cierta noche se me insinuó el ángel Anael: Deberías reconstruir tu alma con los materiales que se salvaron de tus incendios. Y así lo hice, utilizando alambres retorcidos y maderas tostadas. Entonces me soltaron de la cárcel por mi buena conducta…
Sade: Y salí a la tierra libre, al agua libre, al aire libre y al fuego libre. ¡Aleluya!. Hermanos, la noche huele bien, como las axilas de una reina; pero huele mejor al alba cuando es un jazmín que se abre entre los pechos de la negrura.
Coph: Me sentí ridículo en mi sublimidad, como una manifestación impsoible de lo Absoluto no manifestable. ¿Han entendido Hermanos?.
Sin: ¡Desde Aleph a Thau se desarrolla el truco de los trucos, el juego de los juegos!
Thau: Antes de la pulverización del mundo viene su atomización. Antes de su atomización se produce la subdivisión de la subdivisión. Antes de la subdivisión de la subdivisión, la subdivisión. Antes de la subdivisión, la división. Y antes de la división reina la Unidad, hermosa como una esfera, igual a Sí misma como una fruta en su cáscara de oro.
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→ Descargar “Megafón o la Guerra” de Leopoldo Marechal (Novela Completa):

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Poesía “Solo de Silencio”. Leopoldo Marechal
¡Rama frutal llena de pájaros
enmudecidos, estanque negro,
raíz en curva de león
es tu silencio!
Arranca de tus ojos en dos ríos unánimes;
se escurre como el agua pluvial, de tus cabellos;
cuelga de tus pestañas en invisibles gotas
y es un chal en tus hombros morenos…
¡Yo he visto cómo nace
de ti misma el silencio;
yo sé cómo se anudan sus culebras azules
en el gajo temblante de mi cuerpo!
Entra como la noche a los palacios,
invasor y terrible; me acarician sus dedos;
abre el estuche de mis lágrimas;
tiene un frescor de musgo: es el hondero
que se esconde en mi selva de retorcidos árboles
para cazar alondras de recuerdo.
Y entonces, todo yo soy una copa
de tu silencio…
Violines afinados de locura,
tambores secos,
lenguas en una plenitud de ritmos
callan en tu silencio!
Vas a romper en una música
sin frenos;
vas a decir palabras temblorosas
como nidos colgantes en la mano del viento;
a desnudar tu daga de caricias
ya soltarme las fieles panteras de tus besos…
Pero callas en hondos reflujos
¡y otra vez el silencio, el gran silencio!
¡Ah, no me digas nada
que rompa e sortilegio
de tu mutismo: ni la f rase antigua
ni las canciones que ha mordido el tiempo!
Ser buzo y descender hasta la gruta
de tu silencio,
donde se tuercen los corales rojos
de las mordientes ansias y el deseo
es una forma negra, tentacular, sin ruido,
con cien ojos de acecho…
¡Ah, no me digas nada, ni la palabra antigua
ni las canciones que ha mordido el tiempo!
¡Silencio en las albercas de tus ojos,
en tus caricias largas, en tus besos! Que se duerma en tus labios
una gran mariposa de silencio…
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ARGENTINA:
“El nombre de tu Patria viene de argentum. ¡Mira que al recibir un nombre se recibe un destino!. En su metal simbólico la plata es el noble reflejo del oro principal. Hazte de plata y espejea el oro que se da en las alturas, y verdaderamente serás un argentino”. (Leopoldo Marechal. Megafón o la guerra”).-
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Leopoldo Marechal.-
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Fuente Original Post:
Marechal, Leopoldo, “Megafón o la Guerra”. En: Leopoldo Marechal. Obras Completas. Tomo IV: Las Novelas. Buenos Aires. Perfil Libros. 1998.-
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Pingback Aquileana:

Leopoldo Marechal: “Megafón o la Guerra” (Trilogía III):
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