“Todos los Hombres del Rey” (2006) es un remake de una conocida película de 1949, ganadora de varios Oscars aquel año, entre ellos los de mejor película y mejor actor (Broderick Crawford). Basada en la novela ganadora del premio Pulitzer de 1946 de Robert Warren, “Todos los Hombres del Rey” cuenta la historia del ascenso al poder de un idealista en el mundo de la política de Luisiana, y de la corrupción que finalmente lo conduce hasta su perdición. Steven Zaillian, que ha ganado un premio de la Academia por su adaptación de La lista de Schindler, ha adaptado al cine, ha dirigido y ha producido “Todos los Hombres del Rey”. El film es una compleja saga sobre la naturaleza humana, el poder, la corrupción, el idealismo, el amor y la traición.
Muy buena película que explora temas inherentes a los ciclos del hombre (pecado, culpa y redención), dando muestras generales de los intereses en torno a la “densa” cuestión de la corrupción política.-
Ficha Técnica de ”Todos los Hombres del Rey” / “All the King’s Men”:
Título: “Todos los Hombres del Rey”. Título Original: “All the King’s Men”. Dirección/ Guión: Steven Zaillan. Intérpretes: Sean Penn, Jude Law, Kate Winslet James Gandolfini, Mark Ruffalo, Patricia Clarkson, Anthony Hopkins. Origen: Estados Unidos. Duración: 140 minutos. Género: Drama. Año: 2006.-
Novela naturalista, de corte histórico y, en muchos momentos, con resonancias bíblicas. Está organizada en extensas secuencias narrativas y otras de corte más breve y descriptivo [...], pequeñas crónicas que van enlazando progresivamente la trama de ficción. Cuenta el drama de una familia que lucha por sobrevivir a la miseria y a la pérdida de su pasado causadas por culpa de las terribles circunstancias económicas de la Gran Depresión norteamericana iniciada tras 1929. Ante la ausencia de perspectivas, amenazada su identidad, perseguidos por la codicia de los grandes propietarios y de los bancos, humillados por otros muchos compatriotas que ven peligrar su despreocupación y tranquilidad ante la llegada de miles de desposeídos, los protagonistas -los Joad- simbolizan los valores de la dignidad familiar y de la solidaridad que el escritor californiano Steinbeck, un hombre siempre comprometido y Premio Nobel de Literatura en 1962, plasmó en buena parte de su producción literaria.
“Pensé en esa historia de Jesucristo y del Espíritu Santo. Me dije: ¿Por qué tenemos que atribuirlo a Dios o a Jesús?.Quizás, pensé, quizás son los hombres y las mujeres a los que amamos; quizás eso es el Espíritu Santo, el espíritu humano, ésa es toda la historia. Tal vez haya una gran alma de la que todo el mundo forma parte. Estaba allí sentado pensándolo y de pronto… lo supe. Sabía desde lo más hondo que era verdad y aún lo sé”.
“La carretera 66 es la ruta principal de emigración. La 66, el largo sendero de asfalto que atraviesa el país, ondulando suavemente sobre el mapa, de Mississippi a Bakersfield, por las tierras rojas y las tierras grises, serpenteando montaña arriba hasta cruzar las cumbres, siguiendo luego por el deslumbrante y terrible desierto hasta atravesarlo, alcanzar la nueva cordillera y llegar a los ricos valles de California… La 66 es la ruta de la gente en fuga, refugiados del polvo y de la tierra que merma, del rugir de los tractores y de la disminución de sus propiedades, de la lenta invasión del desierto hacia el norte, de las espirales de viento que aúllan avanzando desde Texas, de las inundaciones que no traen riqueza a la tierra y le roban la poca que pueda tener. De todo esto huye la gente y van llegando a la 66 por carreteras secundarias, por caminos de carros y por senderos rurales trillados. La 66 es la carretera madre, la ruta de la huida”.
“Al principio las familias levantaban y desmantelaban los mundos con timidez, pero paulatinamente hicieron suya la técnica de construir mundos. Entonces surgieron líderes, se hicieron leyes y aparecieron los códigos. Y conforme los mundos se movían hacia el oeste, eran más completos y estaban mejor equipados, porque los constructores tenían más experiencia… Las familias aprendieron los derechos que debían respetar… Y las familias aprendieron, aunque nadie se los dijo, que hay derechos mounstruosos que hay que destruir… Estos derechos eran aplastados porque los pequeños mundos no podían existir ni una noche con semejantes derechos vigentes. Y conforme los mundos avanzaban en dirección al oeste, las normas se convirtieron en leyes, aunque nadie se lo dijo a las familias… Y con las leyes venían los castigos, y sólo había dos: una lucha rápida o el ostracismo; y éste era aún peor. Porque si uno infringía las leyes, su nombre y su rostro iban con él y ya no había sitio para él en ningún mundo, cualquiera que fuese el lugar en el que se crease. En los mundos, la conducta social se volvió rígida y fija… Las familias se movían hacia el oeste y la técnica de levantar mundos mejoró para que la gente se sintiera segura en ellos; y el patrón era tan fijo que una familia que se atuviera a las normas sabía que podía sentirse segura. Se desarrolló en los mundos un gobierno, con líderes respetados por todos… Un hombre sabio se dio cuenta de que la sabiduría era necesaria en todos los campamentos, la estupidez de un tonto era la misma en todos los mundos…. Y una nueva unidad se había formado”…
“La primavera es hermosa en California. Valles en los que las frutas maduras son fragrantes aguas rosas y blancas de un mar poco profundo. Luego los primeros zarcillos de las uvas hinchándose desde las viejas vides nudosas, caen como una cascada y cubren los troncos. Las verdes colinas llenas son redondeadas y suaves como senos. Y a ras de suelo las tierras de verduras y hortalizas dan hileras de millas de longitud con lechugas verde claro y pequeñas coliflores esbeltas, plantas de alcachofa verde-grisáceas, que no parecen de esta tierra… Y constantemente la fruta se hincha y las flores surgen en largos racimos en los viñedos”…
“Hubo un tiempo en que California perteneció a México y su tierra a los mexicanos; y una horda de americanos harapientos lo invadieron. Y su hambre de tierra era tanta que se la apropiaron: robaron la tierra de Sutter, la de Guerrero, se quedaron con las concesiones y las dividieron y rugieron y se pelearon por ellas aquellos hambrientos frenéticos; y protegieron con rifles la tierra que habían robado. Levantaron casas y graneros, araron la tierra y sembraron cosechas. Estos actos significaban posesión y posesión equivalía a propiedad: los mexicanos estaban débiles y hartos. No pudieron resistir, porque no tenían en el mundo ningún deseo tan salvaje como el que los americanos tenían de tierra”…
“Los hombres se acuchillaban, hombres de rostros afilados, delgados y endurecidos por la continua resistencia contra el hambre, de ojos torvos y mandíbulas duras… Y la tierra fértil se extendía alrededor de ellos… Las manos buscaron en los bolsillos y sacaron monedas pequeñas… Nuestra gente es buena; nuestra gente es compasiva. Ruego a Dios que algún día las gentes bondadosas no sean todas pobres…. Y las asociaciones de propietarios supieron que algún día las oraciones se acabarían. Y eso sería el fin”…
“ Y… en las palmas de las personas las uvas de la ira se están llenando y toman peso, listas para la vendimia”…
En la II Guerra Mundial, un avión se estrella contra una isla paradisiaca. Este avión transportaba decenas de niños británicos de entre los seis y los once años, y tras el accidente, ningún adulto sobrevive, con lo que los niños han de buscarse la vida por sus propios medios, y establecer una sociedad provisional a la espera de un rescate por parte de “los mayores”. En principio, justo después del siniestro, Ralph, un joven atractivo y carismático, se hace con el control gracias a una caracola que utiliza para llamar a los demás. A él se le pega como una lapa Piggy, un chico rechoncho, de quien se burlan hasta la sociedad, y busca en Ralph protección y respeto. Otro chico, Jack, tras una discusión con Ralph, se impone y crea otro bando, libre de leyes y de formalidades y con conductas mucho más déspotas y anárquicas. W. Golding toma como pretexto el naufragio de un grupo de adolescentes para ilustrar una vez más su tesis: el mal y la condición humana son inseparables. En El Señor de las moscas va más allá al confirmar que el mal se puede perfeccionar en forma de actos brutales que adquieren la categoría de ritos, generalmente asociados al ejercicio del poder. Narración muy crítica con las construcciones educativas que se fundamentan en el uso de medidas represoras, advierte que Belcebú, El Señor de las moscas, habita en nosotros y siempre permanece alerta dispuesto a enseñorearse del entorno más inmediato. El Señor de las Moscas es un brillante relato que incluye entre sus temas indispensables la necesidad de adaptarse ante circunstancias adversas, la violencia, el miedo en todas sus formas: a lo desconocido, a la incertidumbre, a los demás, y a la soledad.
“Un brote rozó el tronco de un árbol y trepó por él como una ardilla brillante. El humo creció, osciló y rodó hacia fuera. La ardilla saltó sobre las alas del viento y se asió a otro de los árboles en pie, devorándolo desde la copa. Bajo el oscuro dosel de hojas y humo, el fuego se apoderó de la selva y empezó a roer cuanto encontraba. Hectáreas de amarillo y negro humo rodaron implacables hacia el mar… Las llamas, como un animal salvaje, se arrastraron, lo mismo que se arrastra un jaguar sobre su vientre, hacia una fila de retoños con aspecto de abedules que adornaron un crestón de la rosada roca. Aletearon sobre el primero de los árboles, y de las ramas brotó un nuevo follaje de fuego. El globo de llamas saltó ágilmente sobre el vacío entre los árboles y después recorrió la fila entera, columpiándose y despidiendo llamaradas”…
“Aquel espacio estaba cercado por oscuros arbustos aromáticos, y todo él era un cuenco de luz y calor. Un gran árbol caído en una de las esquinas descansaba contra los árboles que aún permanecían en pie y una veloz trepadora lucía sus rojos y amarillos brotes desde la cima”.
“A lo largo de la playa, en las aguas someras, la progresiva claridad se hallaba poblada de extrañas criaturas minúsculas con cuerpos bañados por la luna y ojos chispeantes… La marea llenaba los hoyos fromados en la arena por la lluvia y lo pulía todo con un baño argentado. Rozó la primera mancha de las que fluían del destrozado cuerpo y las extrañas criaturas del mar formaron un reguero móvil de luz al concentrarse en su borde”…
“Las nubes seguían acumulándose sobre la isla. Durante todo el día, una corriente de aire caliente se fue elevando de la montaña y subió a más de tres mil metros de altura; turbulentas massa de aire acumularon electricidad estática hasta que el aire pareció a punto de estallar. Al llegar la tarde, el sol se había ocultado y un resplandor broncíneo vino a reemplazar la clara luz del día. Incluso el aire que llegaba del mar era asfixiante, sin ofrecer alivio alguno. Los colores del agua se diluían, y los árboles y la rosada superficie de las rocas, al igual que las nubes blancas y oscuras, emanaban tristeza. Todo se paralizaba, salvo las moscas, que poco a poco ennegrecían a su Señor y daban a la masa de intestinos el aspecto de un montón de brillantes carbones”.
“El grito pasó sobre él y cruzó el extremo más estrecho de la isla, desde el mar a la laguna, como el grito de un pájaro en vuelo. No se paró a pensar… Los rayos de sol caían sobre él como charcos de luz y el sudor formó surcos en su cuerpo. Los gritos llegaban ahora desde lejos, más tenues… Su voz se alzó sobre el negro humo, ante las ruinas de la isla… Y en medio de ellos, con el cuerpo sucio, el pelo enmarañado y la nariz goteando, lloró por la pérdida de la inocencia, las tinieblas del corazón del hombre y la caída al vacío de aquel verdadero y sabio amigo”…
El relato de la desventura del humilde pescador Kino, su mujer Juana, el hijo Coyotito y la perla más hermosa del mundo contiene una amarga crítica de la codicia y rapacidad, sentimientos que llevan a la destrucción. Hay también una historia de dominadores y dominados. Kino, como los de su raza indígena, pertenece a estos últimos y el contacto con la perla le hace desear la libertad. La belleza de esta perla será más mortífera que el veneno de un escorpión. Aquí están todos los ecos míticos del engaño y fatalismo que encierra lo seductoramente bello. Asimismo la venganza de la naturaleza ante el expolio del que es objeto. En medio de una vigorosa descripción en la que el mal está expresado a través de una música letal que se percibe con el corazón y del luctuoso color negro, aparece lo que es típico de la narrativa de John Steinbeck: la crítica de las injusticias sociales, y aún más allá, la irrevocable voluntad del destino.
“El fondo del mar abundaba en seres que nadaban, se arrastraban o, simplemente vegetaban. Las parduscas algas oscilaban a impulsos de débiles corrientes y las verdes hierbas submarinas se alzaban como cabelleras mientras pequeños caballos de mar se adherían a sus largas hebras…. El aire incierto aumentaba algunas cosas y levantaba otras sobre el horizonte del Golfo de tal manera que todos los panoramas eran irreales y no podía darse crédito a la vista; mar y terra tenían las firmes claridades y la vaguedad confusa de un sueño. A esto podría deberse que la gente del Golfo creyese en las cosas del espíritu y de la imaginación pero no confiase en sus ojos acerca de distancias, trazado de contornos o cualquier exactitud óptica”.
“Ostras grises con pliegues como faldas femeninas, ostras recubiertas de impávidos peces de roca y escondidas entre largos tallos vegetales, y, por encima, pequeños cangrejos pululando incensantemente. A un accidente estaban expuestas estas ostras: que un grano de arena cayese dentro de los pliegues de sus músculos e irritase su carne hasta que ésta, para protegerse, recubriera el grano con una capa de suave cemento. Pero una vez empezada, el organismo no podría detener esta secreción sobre el cuerpo extraño, hasta que se desprendiera en una bajamar o la ostra fuese destruida”.
“Todo el mundo se sintió íntimameente ligado a la perla de Kino, y ésta entró a formar parte de los sueños, las especulaciones, los proyectos, los planes, los frutos, los deseos, las necesidades, las pasiones y los vicios de todos y de cada uno, y sólo una persona quedó al margen: Kino”…
“Es maravillloso el modo con que una pequeña ciudad mantiene el dominio de sí misma y ed todas sus unidades constitutivas. Si uno cualquiera de sus hombres, mujeres o niños actúa y se conduce dentro de las normas preestablecidas, sin quebrantar muros ni diferir con nadie, no hace arriesgadas experiencias en ningún sentido, no enloquece ni pone en peligro la estabilidad y la paz espiritual de la ciudad, entonces tal unidad puede desaparecer sin que vuelva a oírse nada de ella. Pero en cuanto un hombre se aparta un poco de los caminos tradicionales, los nervios de toda la comunidad se estremecen y ponen en contacto estrecho a todas las demás células”.
“El sol se encaminaba hacia las montañas del Poniente y las sombras eran desmesuradamente largas sobre el polvo… Kino contempló la superficie gris y suave de la gran perla… Ante sus ojos desfilaban rostros malignos entre el resplandor de llamas… Kino lanzó la perla con toda la fuerza. La vieron brillar unos instantes a la luz del sol… La perla entró en el seno de las aguas verdosas y descendió lentamente hasta el fondo. Los ondulantes tallos de las algas la trajeron… Las luces verdes del mar se repetían en la superficie. Por encima, el agua era un espejo ondulante. Un cangrejo que se arrastraba entre el limo levantó una nube de arena y, cuando el agua recobró su nitidez, la perla había desaparecido. Y su música se convirtió en un murmullo que no tardó en extinguirse”…
“La faute à Fidel” es una mirada al ideal del socialismo de la década de los años 70. El film muestra la perspectiva de una familia francesa que apoya la campaña de Salvador Allende en Chile. Anna tiene nueve años. Para ella, la vida es simple, ordenada y estructurada en su rutina. Vive placentera y confortablemente en París con sus padres María y Fernando, su hermano menor Francisco y su niñera. Concurre a una escuela católica. La única nube oscura en su infancia ideal es un tío que vive en España, es comunista y lucha contra Franco. La familia trata de no hablar de él. Los cambios importantes que ella está forzada a sobrellevar son enormes, sus padres cambian inexorablemente, su aprehensión por el mundo se torna más profunda. Al igual que sus padres, Anna cambia, pero de manera diferente. Comienza a madurar y a aceptar este nuevo mundo, mirando lo que la rodea a su propia manera.-
Ya no hay desiertos, ya no hay islas. Su necesidad, sin embargo, se hace sentir. Para comprender el mundo es preciso a veces apartarse de él; para servir mejor a los hombres tenerlos un momento a distancia…La paciencia de un verdadero aficionado no tiene límites…
El hombre, en medio de esta cantera, ataca a la piedra de frente. Y olvidando por un instante la dura esclavitud que hace posible ese trabajo, no puede menos que admirar. Esas piedras arrancadas a la montaña sirven al hombre en sus designios. Se acumulan bajo las primeras olas, emergen poco a a poco y se ordenan por fin siguiendo una escollera, pronto cubierta de hombres y de máquinas, que avanzan, día tras día, internándose en el mar. Sin salir de su sitio, enormes mandíbulas de acero escarban el vientre del acantilado, giran sobre sí mismas y van a vaciar al agua su exceso de cascotes. A medida que el frente de la cornisa desciende, la costa entera gana terreno irresistiblemente sobre el mar.
Claro está, no es posible destruir la piedra. Tan sólo se la cambia de lugar.De todas maneras, dura más que los hombres que la utilizan. Pero por el momento, sustenta su voluntad de acción. Esto mismo es sin duda inútil. Pero cambiar las cosas de lugar es el trabajo del hombre: es preciso escoger entre hacer esto o nada (Nota a Pie de página del autor: Este ensayo trata de cierta tentación. Es preciso haberla conocido. Después, es posible obrar, o no obrar, pero con conocimiento de causa).-
“Muestra de Fotografía Urbana de la Escuela de Düsseldorf”:
Espacios Urbanos, fotografías de Andreas Gursky, Candida Höfer, Thomas Ruff y Thomas Struth en Fundación Proa (Av. Pedro de Mendoza 1929, La Boca, Buenos Aires). Curada por Ludovico Pratesi. Hasta el 26 de Julio:
Si algo une a los representantes de la Escuela de Düsseldorf es la diversidad de registros, proyectos y estrategias con los que se acercan al fenómeno de la ciudad en la cultura contemporánea. Gursky, Höfer, Hütte, Ruff y Struth interpretan y construyen el objeto de su asedio, a veces en el límite de la alucinación (Hütte) y otros con la mira puesta en la búsqueda del orden (Höfer). Entre ambos extremos, estos artistas ofrecen una mirada nueva, siempre distante e íntima a la vez. Todo un programa a la mitad de camino entre la antropología y la estética, donde el artista hace con la fotografía lo que le gustaría hacer con la ciudad misma. Tema y escenario de toda vanguardia que se precie, la ciudad surca pesadillas surrealistas de Breton y Nadja, los anhelos del futursimo en clave Marinetti y las sproféticas paranoias de la Ciencia Ficción según J. Ballard (Ver Pingback *). En la Escuela de Düsseldorf, lo urbano evoca un caleidoscopio de imágenes y sueños, una suma de artificios ocultos que imitan los mundos creativos y técnicos del cine.
Foto de Candida Höfer.-
Los artistas no rescatan edificios o paisajes urbanos, sino una armonía desaparecida de la noción de espacio público. Éste es el rasgo distintivo de la obra de estos cinco fotógrafos alemanes que se exhibe en la Fundación Proa. Tanto Candida Höffer como Gursky, Hütte, Ruff y Struth logran revertir la tesis de Benjamin sobre la pérdidadel aura (Ver Pingback **) en la obra de arte producida por la tecnología.Esa singularidad, esa súbita aparición de un elemento artesanal en la fotografía, es una forma de apelar a la imposibilidad de su reproducción.
Foto de Thomas Ruff.-
La elección del tema de la muestra, espacios urbanos, es inherente a los cinco y remite a sus orígenes: todos fueron alumnos de Hilla y Bernd Becher en la Academia de Artes de Düsseldorf. La obra de los Becher se había caracterizado por el relevamiento fotográfico de edificios industriales en desuso, sobre todo de la Cuenca del Ruhr, aquella región que por sus yacimientos de carbón fue esencial en la recuperación de la Alemania de posguerra. Los Becher hicieron una suerte de archivo de un mundo en vías de desaparición. Sus discípulos parten del mismo objetivo, al rescate, pero no rescatan edificios o paisaje suerbanos, sino una armonía desaparecida de la noción de espacio público.El mecanismo que aplican es el conjuro de una presencia por omisión. Estos alemanes con su preciocismo, sus modernas técnicas de intervención y su gigantismo, construyen escenas de ciudades como epitafios de una contenida desmesura.
Walther Ruttmann: “Berlin: Die Sinfonie Der Grosstadt”:
Estos son los primeros 3 minutos y medio del film.
La banda sonora fue compuesta utlizando 7 capas de sonido. La misma fue creada con fragmentos relacionados a la industria metalúrgica. En ningún momento se hizo uso de sonido alguno relacionado a trenes. El alemán Walther Ruttmann que había sido reconocido en principio como cineasta experimental y pionero de la animación, se basa en conceptos musicales para hacer una interpretación cinematográfica de la gran ciudad, desarrollando todo un sistema propio de ritmo y montaje.
La foto muestra un recital de un grupo alemán llamado Die Toten Hosen. En el mismo aparece una masa de gente inclinada hacia un escenario. En el escenario están los músicos, uno sin camisa saltando con una guitarra y el cantante señalando al público con la vara del micrófono. Atrás, en la otra punta, los cuatro o cinco únicos aburridos: sonidistas.
¿Cuál es la gran lección de los Becher a sus chicos? La de no olvidarse de los detalles, a pesar de que el objeto parezca no tenerlos, de tan grande que es. Es casi una lección de novelista. Los tanques de los Becher están llenos de cositas mínimas que se leen como palabras escritas, estén cerca del piso o bien arriba en el cielo. Becher nos revela todos los tornillos de esas moles sin tener que subirnos a escaleras. Todo se debe ver con la misma exactitud y claridad. Los otros artistas de Düsseldorf aprenden la lección, pero salen a fotografiar fachadas cargadas de ornamento, sobre todo en los primeros trabajos expuestos en la primera sala. Gursky no.
Gursky sale a fotografiar muchedumbres como si fueran obras de arquitectura. Los detalles, aquí, son los gestos de los individuos. Los individuos conforman la masa como las piedras conforman la geometría de un arco en un puente de ladrillo. La idea de sujeto que Gursky va a retratar en estos bloques humanos saltando al ritmo del punk rock es la de un anónimo identificable. Gursky retrata la multitud y lo inmediato, la masa y la persona. ¿Cómo lo logra? Igual que Bernd e Hilla, pero con una técnica impensable en los años ’70: el cut & paste digital. Así como sus maestros corregían las tomas en la ampliadora para no curvar innecesariamente las perspectivas, Gursky no saca una sola foto del recital, sino decenas de pequeñas fotos de sectores de gente, y después va y las pega una al lado de la otra hasta recomponer la multitud. Gursky fotografía las masas como nunca lo haría un periodista gráfico.